¡A sus órdenes, Capitán!

23 12 2009

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Ego femenino

23 12 2009

Sé que soy una persona especial, como la pizza, pero sin huevos

Maru Botona – Boston, 1982





Esperanza

14 12 2009

– ¡¡Mirá el día en que se revelen los timbres y salgan a tocar a las personas!!

– Uff, ¡una fiesta!





Diálogo de 3

9 12 2009

– A mí no me gusta el dorado (color)

– Y a mí no me gusta el sábalo

– Y a mí los miélcoles

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*Dedicado a los malentendidos que suelen surgir con mis amigos de Twitter





Aprender a manejar el auto

16 11 2009

Érase una vez en un poblado en donde los columpios movíanse solos, las farolas atenuaban la furia nocturna y los enamorados eran felices sin comer perdices, una joven doncella era la que más se destacaba de entre sus pares por contemplar su felicidad y orgullo al pedalear su mágica bicicleta.

Solía recorrer los senderos de su febril hogar hacia rumbos rutinarios, como era la casa de sus maestros, donde iba a aprender acerca de Literatura y las Ciencias, que  tanto le extasiaba estudiar. Como así también rumbos inciertos: a ella le encantaba recorrer las plazas, disfrutar del sonido que las ruedas provocaban al atrapar en cada giro las pequeñas piedras que las calles de tierra le convidaban.

Una noche en la que una tormenta se desató, la joven doncella olvidose su bicicleta en las afueras de su hogar, junto a un árblo avejentado. Los rayos, sin piedad, descocían la obscuridad del cielo dibujando venas rabiosas y sus sonidos estrepitosos se asemejaban a cual obra Shakespeare hubiera soltado su máximo enojo.

Fue allí, cuando de repente vio un rayo asesinar a su bicicleta, y la doncella se durmió llorando sentada en una silla, con un plato entre sus manos.

Cayó en una pesadilla en la que existían autos, celulares, televisores,  muchos botones, muchas lucecitas, computadoras.. Internet.

Buscó bicicletas, pero halló algo más llamativo: Un automóvil.

“Papá, ¡enséñame a usarlo!” – Exclamó con la alegría de un duende.

“No, hija, temo no poder hacerlo… Estaría violando la ley” – Respondió su padre, el cual permanecía con sus costumbres de aquella época.

Fue así que enfurecida la doncella encendió una computadora, ingresó a una nueva estación llamada Mozilla y pretendió viajar en un avión interespacial denominado Google para saber cómo andar en auto.

Acá se termina la joda. Sí señor. Si alguna vez, por alguna de esas casualidades de la vida, se olvidan de cómo manejar un auto, no hagan la estupidez que quien les habla hizo en su momento: Buscar la existencia de algún foro, sitio, post, lo que fuere, para aprender a manejar.

Hoy en día, cosa desconocida, cosa que no se sabe, se busca en Google. Y no me parece nada mal. Pero hay una cosa muy clara: El movimiento se demuestra andando.